julio 25, 2009

La badante

Aquí, en Italia, me llaman "Badante". La badante, es la mujer que se dedica a cuidar a personas que no pueden estar solas por algún motivo.

Yo cuido a los ancianos enfermos. En nueve años, tengo almacenadas tantas experiencias, vivencias y sabidurías.

Este último, es un señor bombardeado de ICTUS, (acá se le llama ictus a los accidentes cerebrovasculares que dejan secuelas), los cuales le castigaron la parte izquierda del cuerpo. Sufre de depresión. No habla; responde solo algunas cosas. Tiene la tv encendida todo el día. Llora.

Mi función es la de estimularlo, pero sin cansarlo.

Desde que el clima nos permite, aprovechamos el fresquito para hacer algunos paseitos. Llegamos a mitad de camino hasta el café del pueblito. No es lindo. Afuera tiene unas mesas y sillas de caña en mal estado. La calle principal está enfrente y es muy transitada. Cruzando, hay un pequeño supermercado. Nos sentamos en mesas diferentes y yo siempre trato de quedar detrás de una maceta grande con plantas, desde allí puedo escuchar y observar.

Algunos de sus amigos ya están ahí cuando nosotros llegamos, otros van llegando después. Se saludan dándose manotazos .Abren el diario. Todos empiezan por la última página para saber quién es el muerto del día. Cuando en las necrológicas hay algún conocido, exclaman y se lamentan, pero lo mencionan por el apodo porque por el nombre real les resulta como si fuese otro el muerto.

Algunos de los viejitos, llegan en auto, otros en bicicleta y otros arrastrándose o con las grullas. Polemizan sobre politica y contra el Vaticano, bajando la voz....pensando que el cura del pueblo los está escuchando, porque la iglesia está a pocos metros del bar.

Si hace calor, llevan puestas bermudas. Usan grandes cadenas de oro al cuello, por eso los llamo “encadenados”, y se animan con remeras que mejor estarían vistiendo a los muchachos jóvenes.

Pincho llega en una bicicleta vieja, destartalada, con un ramito de flores de plástico en el manubrio.

Un gordo, colorado y con piernas hinchadas al cual lo cargan apena llega:" le pusiste un par de ruedas a esos cilindros?"

Otro que tiene las manos que parecen raíces de tan retorcidos que tiene los dedos, agarra el vaso de vino cuando se sienta y no lo suelta hasta que se va.

Il "barbiere", es alto, de cabeza muy chica y nariz muy larga. Se las sabe todas!, explica, gesticula y pasa las páginas del diario dos o tres veces.

Es lindo ver cuando todos, todos, giran la cabeza hacia el supermercado, cada cual con su discapacidad, para mirar alguna señora, un poco o mucho, llamativa con pantalón ajustado o alguna falda corta, mostrando las piernas. No se pierden una.

Piden para tomar lo que sea, vino blanco, tinto o cerveza. Hablan de pesca, de trabajo o de caza, discutiendo y peleándose, cerrando la discusión frente a un segundo o tercer vaso de vino.

De a uno se van yendo. “Hasta mañana…”, y nosotros dos también, bajo el sol radiante, él arrastrando su pierna izquierda pero contento.